PROPUESTA

En un reciente artículo Enric Juliana y a propósito de la investidura de Pere Aragonés como President de la Generalitat y de la  afirmación por este del objetivo independentista, hacía un repaso de la constante reclamación para lograr su entera autonomía que el pueblo catalán ha mantenido a lo largo, al menos, del siglo XX y de lo que llevamos del XXI, y que fue iniciado en una propuesta posible,  transversal y mantenible mediante  la Solidaritat Catalana, destacando el señero periodista de “La Vanguardia” que en tal ensayo de unidad  “se encontraban los carlistas”. Y así fue, aunque no dice nada de que en un par de años, de la primitiva Solidaritat solo quedaría el Partit Carlí de Catalunya.

Realmente el esfuerzo catalán por enterrar el unitarismo impuesto por el primer borbón en el inicio del siglo XVIII debería ser suficiente para mostrar al menos un respeto y una atención a sus reclamaciones actuales, actitud que tan solo el Carlismo ha mantenido de forma ejemplar y que hoy lo manifiesta en una propuesta por la que, sin romper con su ascendencia foralista, concreta en la demanda Confederal. Y es ese  –consideramos que el único-  sistema por el que atendiendo a la continua y nunca decaída reclamación catalana puede solucionar tan grave problema sin aventura rupturista alguna.

La Confederación debiera ser la alternativa que el poder central ofrezca al pueblo catalán. Es curiosa la insistencia que desde Madrid por el gobierno y sus unitaristas afines políticos muestran en cuanto a que los contrarios al  secesionismo en Catalunya son mas que los reclamantes del independentismo. Es de suponer que se basen para tal afirmación en datos contrastados y por ello veraces, pues bien si es así ¿por que no se autoriza la celebración de un referéndum (si no gusta el término háblese de “consulta”) para que de una vez y por un largo tiempo se despeje la duda y decaigan los fervores independentistas?. Si es cierto, y según lo que de continuo se repite, que los “constitucionalistas” (curioso y timorato adjetivo) son mas, no habría problema alguno. Es curioso que el Estado español no quiera aprender del ejemplo del Reino Unido respecto a  Escocia, o de Canadá con Quebec y que, especialmente de este último, no asuma la lección que de una similar consulta han dado los quebequeses que no solo rechazaron la secesión sino que incluso tras el referéndum se ha debilitado de tal modo su independentismo que casi ha quedado como marginal. ¿Por qué no se acoge tan evidente enseñanza?.

Pero aún mas: si de verdad el Estado español (sea cual sea su color) desea concluir con el problema, y hacerlo democrática e incontestablemente por largo tiempo, se podría utilizar un método que  aclarase con mayor nitidez si cabe el real posicionamiento del pueblo catalán, me refiero a un sencillo y casi  absoluto (nada hay humanamente definitivo) método, convóquese tal consulta con tres alternativas a elegir: mantenimiento del actual estado autonómico, la secesión o la confederación.; pero sin eludir el previo y solemne compromiso de respetar el resultado, sea cual sea este. Por ejemplo, el de mantener la convivencia de las varias naciones peninsulares en un pleno sistema Confederal. Claro que para alcanzar tal solución hay que utilizar la inteligencia, practicar la valentía y honestamente respetar la voluntad popular.  E.

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