Catalunya

Sin pena ni gloria ha pasado el 11 de septiembre de 2021 para los que vivimos fuera de Cataluña después de los miedos que la crispación nos había metido en el cuerpo.

¿Cataluña está en calma?, la falta de noticias eso nos hace pensar, pero me temo que estamos muy lejos de la realidad. No interesa, no es conveniente mas lio de catalanes, poco nos importa saber si hay o no división en el mundo independentista, si la economía se les ha venido abajo, si sus ciudadanos han tornado a la paz ficticia que otrora mantuvieron durante generaciones. Los ciudadanos, esos que cuentan solo a la hora del voto y como mucho para animarlos a saltar a la calle una y otra vez sin mayor resultado que el que los políticos manipulen; pero ¿la realidad de puertas para dentro de cada casa?

Me permito pensar solo en aquellos catalanes de raíz, de abuelos de barretina, que también lo son los que llegaron a esas tierras en busca de un “mata hambres” y que unos mas que otros hoy por hoy se sienten arraigados a su nueva tierra; me quiero identificar con los otros, los que de niños hablaban bajito en casa en su propia lengua, los que sentían la humillación de no poder ser quienes eran en realidad en plena libertad, a esos, de los que conocí a algunos en este Madrid bolsa de emigrantes, les debemos volver a pedir perdón.

La tan aclamada transición devolvió el orgullo de ser a muchos españoles, de ser españoles y…da igual como terminemos la frase, en este caso diremos solo catalanes. La recuperación de unos derechos perdidos era el gran triunfo de una generación. Años hace ya, y mucho ha llovido, y las manipulaciones políticas han ido dando bandazos que ni han hecho prosperar a este país de naciones, ni ha sabido entender la realidad de sus propios pueblos, no de los derechos políticos, no, de esos derechos que se llevan enraizados en el alma a fuego, la cultura, la herencia de los ancestros, el derecho a sentirse diferente…

Como carlista siempre me he enorgullecido de la variedad y la riqueza de nuestras tierras, como carlista me sentí orgullosa cuando la Generalitat nos agradeció nuestra participación en la redacción del Estatut, y me indigne cuando se enfrento a la otra España y se escupió a un pueblo ignorándolo en sus decisiones legítimas; lloré ante las imágenes de un septiembre negro y me avergoncé ante las maniobras económicas para hacer clavar la rodilla a una nación floreciente.

Acostumbrada a sufrir todo tipo de culpas  como castellana,  sabiendo difícil el cambio de mentalidad al respecto por siglos de ignorancia, y  viendo que parece ser no estar de moda hablar del tema, porque para algunos catalanes (pocos pero con voz) hay otras realidades más acuciantes, servilismo al señor del dinero, a retrocesos ideológicos inexplicables, al intento de unificación de lo imposible, me veo en la obligación de unirme a la gran mayoría silenciada, a la que tras un fracaso más se volvió a casa, pero mantuvo su identidad con orgullo, y a gritarles sin tapujos “AVANT I VISCA CATALUNYA”.

D.

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